Cambiemos y mejoremos todos

25 / Jun / 2015

Vivimos una etapa en la que lo inmediato domina al análisis de los asuntos públicos. A través de un acto reflejo se expresa una idea y se privilegia la contundencia de la conclusión, independientemente de la fragilidad de los argumentos. En este contexto la espontaneidad es lo más valioso: el contenido de las redes sociales refleja esta realidad.

A primera vista, esta tendencia es contraria a la visión que está detrás de los cambios constitucionales que le dan forma al Sistema Nacional de Transparencia y al Sistema Nacional Anticorrupción. Ambos constituyen una apuesta a mediano y largo plazos, puesto que su alcance está diseñado para tener, esencialmente, un impacto estructural, en vez de limitarse a una persecución caso por caso de irregularidades.

Aliviar un síntoma no equivale a curar una enfermedad. Hemos llegado al punto en que es inaplazable aplicar soluciones de fondo que contribuyan a eliminar las causas, lo que traerá como efecto la desaparición de las consecuencias. Hay que destacar que no se trata de una decisión fácil, puesto que las expectativas sociales, en ocasiones orientadas al efectismo, ejercen sobre el actor político y administrativo una presión que será necesario gestionar de manera adecuada El Sistema Nacional Anticorrupción busca articular en una estrategia coherente a las instituciones competentes en este tema, sean judiciales, administrativas o de fiscalización, con el fin de cerrar los espacios a riesgos reales o potenciales para la comisión de irregularidades. Por su parte, el Sistema Nacional de Transparencia Acceso a la Información y Protección de Datos Personales tiene como objetivo monitorear y propiciar las condiciones para el cumplimiento de la política pública transversal del Estado mexicano en la materia.

En este sentido, el cometido de los distintos miembros de los Sistemas de Transparencia y Anticorrupción debe consistir en establecer una cultura de legalidad, control y rendición de cuentas, donde cada área, e inclusive, cada integrante del aparato estatal, enfrenten un ambiente definido por la fiscalización, la transparencia y la existencia de sanciones efectivas; esto, con el fin de que sus incentivos personales y de grupo, se alineen con el interés público.

Este nuevo orden institucional, entendido no sólo como el cambio de las reglas de juego de los organismos del Estado, sino también como la interacción entre ciudadanos y gobierno implica un replanteamiento de todos los participantes. Para algunos analistas el tema de la corrupción, desafortunadamente, se constriñe a un asunto de buenos y malos. Para que la participación de la sociedad sea efectiva en este proceso se requiere que sus organizaciones cuenten con mayor información y solidez técnica para abordar el tema, no basta enarbolar una “superioridad moral” adquirida por ostentar una etiqueta ciudadana.

A este respecto, el martes pasado escuché la intervención de Alejandro González Arreola, director general de Gestión Social -Gesoc-, con motivo de la ceremonia de instalación del Consejo del Sistema Nacional de Transparencia. Fue verdaderamente gratificante escucharle hablar sobre la importancia del papel de la sociedad organizada en la construcción de las políticas públicas. Fue una muestra cabal de pensamiento independiente y de solvencia técnica.

De ese modo, si tanto las instituciones estatales como las organizaciones sociales asumen el compromiso de predicar con el ejemplo, podemos augurar que los resultados serán satisfactorios y que avanzaremos en sentar las condiciones para una mejor convivencia y un gobierno confiable y al servicio de la gente.


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Sistema Nacional Anticorrupción: proyecto en construcción

28 / May / 2015

Existen momentos en la vida pública en los que todos los factores y las voluntades parecen coincidir en el tiempo para alcanzar los acuerdos necesarios que permiten un cambio cualitativo en la gestión gubernamental y por ende, en la relación entre el Estado y los ciudadanos: tal es el momento respecto a la integración de un Sistema Nacional Anticorrupción.

Es innegable que la problemática que nuestro país enfrenta en la materia es resultado de un proceso en el que la totalidad de la sociedad, por acción, por omisión o por permisividad, ha participado. Uno de los elementos condicionantes de ello ha sido sacrificar la institucionalidad y el respeto a la ley a la satisfacción inmediata de las necesidades; el esfuerzo para alcanzar metas a recurrir a la línea de menor resistencia, y la anteposición sistemática de los intereses personales a los de la colectividad. En ese sentido, podemos caracterizarnos como una sociedad egoísta.

Los efectos destructivos de la corrupción no son necesariamente visibles en el corto plazo; sin embargo, se convierten en costos diferidos que se acumulan y generan situaciones gravosas para todos.

Precisamente, el surgimiento de un enfoque que no se limita a soluciones parciales o estéticas, sino que busca, a través de la participación de diferentes instituciones del Estado, coordinar sus acciones en distintos flancos y obtener resultados y medidas complementarios y que se apoyen mutuamente, representa una herramienta, hasta ahora inédita en nuestro país, para atacar el fenómeno de la corrupción, desalentar su permanencia y ofrecer nuevas vías de participación a la sociedad, para que ésta no sea una simple espectadora, sino que asuma la responsabilidad que le corresponde y actúe en consecuencia.

Esta iniciativa nace con buenos augurios, representados por la adhesión prácticamente total que ha despertado entre las distintas fuerzas políticas, organizaciones no gubernamentales, analistas, académicos y generadores de opinión; sin embargo, esto solamente constituye la base sobre la que será necesario echar los cimientos del Sistema, es decir, la legislación secundaria que lo hará operativo y definirá las competencias, responsabilidades y esquemas de coordinación para las instituciones que lo integran.
Esta etapa es particularmente delicada y requerirá que todos los actores involucrados sigan paso a paso el proceso legislativo, sea a nivel local o federal, para que ofrezcan una contribución útil a este proceso. Es un buen momento para que a través de una efectiva labor legislativa, se logre cerrar brechas, integrar preceptos nuevos y desechar asuntos ya trascendidos de la normativa que rige la transparencia y la rendición de cuentas en nuestro país.

El proceso que arrancó oficialmente el día de ayer con la promulgación de la reforma constitucional correspondiente, ya no puede ni debe detenerse. Considero un privilegio para todos los involucrados el poder participar en una iniciativa en la que están puestas tantas expectativas, que puede traer beneficios sustanciales para la vida del ciudadano común y que representa una faceta del Estado y sus instituciones que es necesario consolidar. Hay que dar motivos para que la sociedad sienta que el Estado le pertenece y que puede confiar en la honestidad, el profesionalismo y la empatía de sus integrantes.


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Sistema Nacional Anticorrupción: ¿Qué sigue?

30 / Abr / 2015

En los últimos meses, un número creciente de ciudadanos, independientemente de sus ocupaciones, situación social o afiliación política, ha identificado a la corrupción como uno de los principales problemas que afectan la vida pública en nuestro país.

Más aún, podemos ver cómo este tema es recurrente en el discurso de los más altos niveles de gobierno; se ha llegado a un punto en el que hay coincidencia entre la percepción de vulnerabilidad que tiene la sociedad y el imperativo de actuar que tienen las instancias gubernamentales.

Creo que no se ha insistido lo suficiente respecto a uno de los daños más graves de la corrupción: el efecto que tiene de desvirtuar la naturaleza de los asuntos de interés común, y que deviene por consecuencia en una crisis de legitimidad. Resulta difícil respetar algo en lo que no se cree.

Dado este diagnóstico, el establecimiento del Sistema Nacional Anticorrupción es una buena noticia, ya que la respuesta del Estado mexicano al fenómeno de la corrupción se materializa como una política pública con visión sistémica.

 En efecto, la reforma aprobada por el Poder Legislativo abre las condiciones necesarias, que deberán cristalizarse en las leyes secundarias respectivas, para que la fiscalización, el acceso a la información, la evaluación presupuestal y de programas, los sistemas de archivos y la contabilidad gubernamental, interactúen de manera eficiente y efectiva.

Si bien esta iniciativa, y el nivel de consenso con la que fue adoptada, permiten mejores augurios respecto a la interacción y coordinación interinstitucional, es pertinente señalar que, a pesar de los avances que se tendrían con la aprobación de esta iniciativa, hay que evitar la generación de falsas expectativas que hagan pensar a la ciudadanía que el problema quedará resuelto en el corto plazo.

Es por ello que se requiere subrayar que los resultados del Sistema se podrán constatar en el mediano y largo plazos; inclusive, la emisión de las leyes secundarias y el inicio de su implementación tomarán, al menos, un par de años. Como funcionarios, pero también en tanto ciudadanos, debemos abstenernos de pensar que problemas estructurales se pueden solucionar con acciones efectistas o inmediatas.

Con el fin de asegurar que los siguientes pasos no se alejan del propósito original de la reforma constitucional, es recomendable que se abran espacios de participación en los que las organizaciones de la sociedad civil, la academia, las agrupaciones empresariales, así como las entidades y dependencias públicas involucradas sigan aportando su visión y perspectivas, respecto a un asunto que nos atañe a todos.

Al margen de estas consideraciones, debemos reconocer que el SNA es un signo de un nivel de conciencia distinto. Esto significa que, a la par de los cambios legales necesarios, hagamos un espacio para reflexionar respecto a la relevancia que tienen los principios y valores éticos en la convivencia. La honestidad, el predicar con el ejemplo o el compromiso social, son conceptos desgastados, pero que pueden recobrar su verdadero significado. ¿Por qué no tener la voluntad de empezar con ello hoy mismo?


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