Realidad municipal

11 / Oct / 2019

Foto ASF-David ColEn los últimos días se han presentado una serie de inquietudes entre estados y municipios, en relación al presupuesto del próximo año; por ejemplo, algunos estados, como Quintana Roo y Guerrero piden que se revise el sistema de coordinación fiscal, particularmente hablan incluso de centralismo, pero no plantean revisar la distribución de potestades tributarias, que efectivamente desde 1980 dejaron en suspenso o eliminaron de sus leyes de ingresos para recibir a cambio participaciones, y menos la deficiente administración tributaria; en el caso de los municipios, se plantea lo de un fondo de infraestructura para obras municipales, pero ya existe el FISM. No se plantean nuevos compromisos en materia de recaudación de ingresos municipales, particularmente del impuesto predial.

Ha salido el tema de las fórmulas de distribución de participaciones, las cuales tienen su historia y, en el caso de los municipios, se recupera alguna insistencia en participar en la Comisión Permanente de Funcionarios Fiscales, cuando quizás una buena opción sea la creación de sistemas estatales de coordinación hacendario estado-municipio, como ya se han dado experiencias en algunas de ellas.

Por otra parte, un tema que no puede ser ajeno ya al simple hecho de las fórmulas de distribución de participaciones o aportaciones, a una débil y asimétrica recaudación de ingresos propios, tiene que ver con el ejercicio transparente, eficiente y honrado del gasto público, sea de recursos federales transferidos o de ingresos propios, aunque estos últimos sean más bien reducidos. El tema de los gastos fiscales, no solo en el espacio federal, sino el estatal y local; por ejemplo, impuestos sobre nóminas llenos de agujeros negros, al margen de la calidad de este impuesto.

He señalado que, como en promedio a veces se reducen alrededor del 5 por ciento de los ingresos totales, debemos fortalecer la fiscalización de los recursos en los estados, para que además de mayores ingresos, se optimice el uso de los recursos propios, sin olvidar por supuesto el hecho de la desigualdad en la realidad municipal, con más de la mitad de los municipios con alta marginalidad. Por ejemplo, 50 municipios representan el 63 por ciento de la recaudación de predial municipal, además la deuda pública se concentra en no más de diez entidades federativas y la municipal en un poco más de 25 municipios.

Por otra parte, en 1990 se da un primer cambio en las fórmulas de distribución de participaciones cuando había una desigualdad en los per cápitas muy alta y en un proceso de un año los propios estados decidieron por un consenso mayoritario cambios en que los beneficiados fueron las entidades con menor desarrollo, pero sin descuidar a los que vieron reducirse sus recursos, con dos reservas de contingencia y compensación. Los siguientes cambios se dieron a partir de 2008 con fórmulas basadas en la población domiciliada, con grandes perdedores como Tabasco, Chiapas y la Ciudad de México, entre otros. Esta última está en proceso aún de transición. Los beneficios se concentraron en las entidades con mayor población como el Estado de México o Veracruz, pero se eliminaron los incentivos al esfuerzo recaudatorio local. Si crecen los ingresos estatales, por lo menos el 20 por ciento va a los municipios, si se eliminan ingresos como el de tenencia, en esa medida el municipio pierde, sin saber generalmente la razón.

Una cosa, los ingresos no se recortan, son estimaciones de recaudación.

Habría que revisarla en una convención donde participen los tres órdenes de gobierno, pero siempre cuidando que ninguno pierda, que todos ganen con mejor administración tributaria, un mejor ejercicio del gasto público y una más eficiente coordinación entre los tres órdenes de gobierno, para gastar y para cobrar.

El municipio tiene que hacer su parte, por lo menos gastar con transparencia los pocos o muchos recursos que recibe. Los municipios de usos y costumbres tienen buenas prácticas que habría que conocer.

David Colmenares Páramo



Nuevas tecnologías y fiscalización

04 / Oct / 2019

Foto ASF-David Col Vivimos en la “Cuarta Revolución Industrial”. Nuestra vida diaria se ha modificado por los significativos cambios tecnológicos que hemos atestiguado en los últimos años. La opinión pública hoy se hace escuchar en las redes sociales; incluso, a través de ellas se debaten las decisiones y el desempeño de los gobiernos.

La inteligencia artificial, el big data y las tecnologías de la información pueden ofrecer soluciones novedosas a diversos problemas de políticas públicas, mejorar la gestión gubernamental e, incluso, marcar la diferencia en los procesos de rendición de cuentas. Por ello la fiscalización superior y el combate a la corrupción no pueden estar separados.

Conscientes de ello, la ASF ha comenzado a desarrollar estas nuevas tecnologías en sus actividades para maximizar el impacto de la fiscalización, gracias al procesamiento ágil y eficiente de una gran cantidad de información en breves lapsos. Contar con estas herramientas facilita la revisión de las múltiples operaciones que genera el ejercicio de un gasto público federal.

Además, la transformación digital crea nuevos canales de comunicación con la ciudadanía. Recientemente, la ASF puso a disposición del público la “Aplicación Ciudadana de la ASF”, la cual permite que cualquier persona conozca la labor de la Auditoría.

En este contexto, la semana pasada participamos, en la ciudad de Moscú, Rusia, en el XXIII Congreso de la Organización Internacional de Entidades Fiscalizadoras Superiores INTOSAI, la cual agrupa a 191 instituciones de fiscalización superior del mundo y a la Corte de Cuentas de la Unión Europea.

Tuvo como una de sus temáticas la “Tecnología de información para el desarrollo del sector público” en cuya Sesión Plenaria, en un panel organizado con la EFS de China, la ASF comentó sobre el estado actual y los retos que tienen las EFS ante el progreso tecnológico que vivimos y el manejo de grandes volúmenes de datos para la fiscalización, lo cual demanda usarlos en la mejora de sus resultados y generar cambios tangibles en la calidad de vida de los ciudadanos.

Además, la ASF fue parte de los encuentros de los comités metas de la INTOSAI sobre Normas Profesionales (PSC), Compartir Conocimientos (KSC), y Creación de Capacidades (CBC), del cual es miembro del Comité Rector.

En el marco del Congreso la ASF tuvo reuniones bilaterales con las auditorías de Estados Unidos y Canadá con el propósito de que las auditorías de Norteamérica tengamos una mesa permanente de diálogo, cooperación y colaboración en el marco de los fines interinstitucionales comunes. Asimismo, realicé reuniones bilaterales con las Auditorías de Hungría, Francia, así como con la OCDE.

El encuentro de Rusia fue también un espacio para estrechar el trabajo que desarrollamos como parte de la región latinoamericana con la Organización Latinoamericana y del Caribe de Entidades Fiscalizadoras Superiores (OLACEFS). Asimismo, con la Organización Centro Americana de Instituciones Fiscalizadoras Supremas (OCEFS), de la cual seremos ya formalmente parte este mes. Ello reforzará el trabajo que haremos derivado del acuerdo suscrito con Relaciones Exteriores para facilitar la fiscalización de los recursos de ayuda a Centroamérica, para lo cual estableceremos próximamente una mesa en México para que las auditorías de Honduras y El Salvador nos ayuden en lo correspondiente.

Esta participación es muy importante para la ASF, ya que contribuye a crear alianzas e intercambiar experiencias globales para atender desafíos que hoy son nuestra realidad.

Ni en política económica ni en fiscalización hay recetas, debemos conocer lo que pasa en el resto del mundo para tener un mejor modelo mexicano.

David Colmenares Páramo



Preocupa el reparto, pero fortalezcan la coordinación

27 / Sep / 2019

Foto ASF-David ColHablar de una descoordinación del pacto fiscal de los ochentas, como han señalado algunos gobernadores, no es algo sencillo, ni viable para todos, cuando sabemos que el desarrollo desigual hace que, pocos estados son los que tienen el potencial productivo y recaudatorio para ser autosuficientes, no solo por sus débiles administraciones fiscales, repito no todos, sino que por lo menos entre seis y ocho están agobiados por cargas financieras de deudas elevadas y fuertes pasivos con acreedores locales, heredados por cierto de los anteriores gobiernos, pero hoy son de ellos.

Tendrán que pagar muchas de las fallas y corruptelas de sus antecesores, como en el gobierno federal. Es la causa de deudas pendientes e improductivas.

Ya se han hecho intentos para considerar la descoordinación, como Veracruz en los primeros años del siglo, cuya conclusión fue clara, inviable, y este estado, a pesar de sus pésimos y muchas veces corruptos gobiernos, con pocas excepciones, está entre los tres que más participaciones reciben y más con el reparto poblacional; o cuando revisé a petición de Puebla, siendo funcionario federal, dejar al IVA a los estados y eliminar el sistema de participaciones. La conclusión no era viable, ya que el daño a Oaxaca o a Zacatecas, sería terrible y una invitación a dejar el pacto federal o crear fondos compensatorios como en España, esto es crear estados de primera, segunda o hasta tercera. Imposible.

Sí se deben revisar las fórmulas de reparto, como la actual que solo se reparte por población domiciliada, perjudicando a muchos como Tabasco, Chiapas y la CDMX, pero benefició desde 2008 a una sola entidad, que hoy recibe más del 13 por ciento de las participaciones y el ex DF solo el ocho y Tabasco va al precipicio, ha perdido desde hace más de 10 años más de 30 mil millones de pesos.

Hay que fortalecer la colaboración administrativa, recaudar mejor las facultades chiquitas que tienen y atacar desde un inicio la corrupción y el mal uso del gasto público.

A los muy endeudados que les gusta reestructurar, esto es refinanciar hacia el futuro para brincar sus tiempos, han fortalecido no sus finanzas sino las de las consultoras; de algunas por supuesto. Esto es, más deudas.

Aun así, queda claro que, los ingresos fiscales siguen siendo insuficientes para financiar las necesidades de infraestructura y gasto social de las entidades federativas y de las autoridades municipales.

Un recuento en la agenda histórica del federalismo dice que no hemos mejorado mucho, lo que implica que se abran espacios de corrupción, como lo fue en su momento el Ramo 23, que al tener pocos recursos para infraestructura las entidades recurrían a la federación con altos costos para los ciudadanos.

Estoy convencido de que el fortalecimiento del federalismo fiscal requiere de un mejor reparto de las facultades recaudatorias, condicionado a mejores prácticas en el gasto público. Si no, repetiremos las malas prácticas en el ejercicio del gasto público, debilidad presupuestaria, un mal llamado federalismo fiscal.

Más que cambiar el Sistema de Coordinación hay que mejorarlo y hacer como plantea Ramirez Cuellar, una convención hacendaria, donde el diseño de los impuestos es vital, así como revisar los gastos fiscales.

La ASF ha presentado una serie de estudios señalando la necesidad de un rediseño en la normativa de las transferencias federales, más aún cuando con las nuevas potestades, y los convenios que se tienen con muchas instancias, podemos conocer el universo completo, cómo se ejercen los recursos de cualquier ente y así determinar tiros de precisión en tiempo real, que nos permitan una fiscalización más eficiente y preventiva.

Final: sí revisar las fórmulas pero que cada quien haga su parte, aprovechen el sistema de coordinación.

David Colmenares Páramo