Una participación ciudadana relevante

04 / Jul / 2014

A nivel mundial, uno de los enfoques teóricos que ha ido ganando terreno, ante la opinión pública y en la gestión gubernamental, es la concepción del ciudadano como principal cliente del Estado, quien deberá basar su acción en resultados más que en procesos, y atender las necesidades sociales con eficacia, eficiencia y economía. Esto representa un avance sustancial en términos de un ejercicio más democrático del poder.

Esta concepción presupone que en cada ciudadano hay un sujeto activo que busca posicionarse ante la autoridad como un interlocutor válido, con una opinión sustentada, propuestas viables y capacidad crítica ante el desempeño del gobierno. De hecho, buena parte de la opinión pública gira en torno a esta línea argumental al reclamar constantemente de las autoridades, soluciones concretas a asuntos específicos.

Para cualquier entidad pública esta demanda representa un reto que debe ser enfocado desde una visión amplia y totalizadora que equilibre intereses particulares y bien público, y se sujete al marco institucional y normativo que rige su actuación.

Al mismo tiempo, existe un distanciamiento entre una parte de la ciudadanía y los asuntos públicos, dado que no pueden establecer una relación clara entre las decisiones gubernamentales y sus preocupaciones cotidianas.

La participación y el distanciamiento pueden ser conciliados, creando espacios para quienes son indiferentes y, al mismo tiempo, canalicen la voluntad de aquellos que buscan influir en la toma de decisiones que determinan el rumbo de la Nación, todo ello bajo las reglas institucionales del Estado mexicano.

En el caso de la Auditoría Superior de la Federación, hemos podido constatar que existe un potencial de participación efectiva de la ciudadanía en tanto beneficiaria de programas y políticas públicas y puede ofrecer, de manera directa al ente auditor, una perspectiva que va más allá del registro contable o programático.

Ante esta realidad y después de un análisis riguroso, la Auditoría Superior de la Federación ha definido estrategias de acercamiento con el ciudadano a través de distintos instrumentos como el programa ASF Niños, la emisión de resúmenes de auditoría simplificados, la divulgación de la Guía Ciudadana sobre la ASF, y el lanzamiento del Sistema Público de Consulta de Auditoría en su página de Internet.

En cuanto al campo de la labor auditora propiamente dicha, hemos decidido complementar la fiscalización que llevamos a cabo en los sectores educación, salud y seguridad, con la implementación de un esquema similar a lo que se conoce como auditoría social.

Este programa busca que los ciudadanos se conviertan en auditores de los programas de los que ellos mismos o miembros de sus familias sean beneficiarios. Sin embargo, se requiere que la información que suministren a la ASF cuente con un estándar de calidad y que sean verificables, con el fin de hacerlos compatibles con el perfil técnico institucional. Estamos en la etapa de desarrollo de este esquema y esperamos rinda frutos en las próximas revisiones de la Cuenta Pública.

La participación ciudadana per se no es una condición suficiente que garantice la democratización gubernamental; se requiere un enfoque específico, un marco de actuación claro y un compromiso de todas las partes involucradas para que este ejercicio tenga un impacto real en favor de la satisfacción de las demandas ciudadanas.

El proyecto de auditoría social es una búsqueda de comunicación efectiva, de colaboración directa; es una manera de generar confianza en la cosa pública.



La importancia de un buen diagnóstico

02 / Abr / 2014

A veces es difícil explicar de manera sencilla el valor del trabajo de un auditor. Se piensa que es un policía, un investigador o un juez; no es nada de eso. Esta confusión genera, en muchas ocasiones, una brecha entre las expectativas de lo que su labor puede aportar con los resultados de sus revisiones.

Me gusta la analogía del médico. Un auditor es como un doctor que con la revisión del paciente puede dar un diagnóstico de su estado de salud; el mejor aliado de la lozanía de quien acude a una consulta es precisamente un profesional que le dirá no lo que quiere oír, sino lo que debe de saber para recuperar su salud o mantenerla. Adicionalmente, en caso de requerir un tratamiento especial o una intervención quirúrgica, el médico lo canaliza con el especialista.

La relación entre el paciente y el médico es compleja. Por ejemplo, en el ámbito privado, para quienes están inmersos en la operación de una empresa, en ocasiones, no es claro cuál es el verdadero aporte de la firma de auditores externos que dictamina los estados financieros o que fiscaliza operaciones clave para luego reportar los resultados ante el Consejo de Administración.

Se puede hacer una extrapolación con esa auditoría externa de una empresa y lo que sucede, a nivel federal, con la fiscalización superior. El consejo de administración equivalente (en este caso, Cámara de Diputados) cuenta con un auditor externo independiente (la Auditoría Superior, su órgano técnico), para evaluar la gestión financiera, procesos internos, cumplimiento de metas y resultados obtenidos, a favor de los accionistas (en este caso, los ciudadanos).

La información generada sirve a los directivos de la empresa como un elemento importante para incidir en la mejora de sus procesos operativos, planes y proyectos. En la auditoría gubernamental, el Informe de la ASF es también un insumo de utilidad para los tomadores de decisiones, en este caso los diputados, en su capacidad para modificar o introducir leyes y normas, así como para evaluar el ejercicio presupuestal y la efectividad de las políticas públicas.

La ASF cuenta con facultades para emitir observaciones de tipo preventivo y correctivo y, en caso de detectar irregularidades o desvíos de recursos, propicia su resarcimiento y, dependiendo del caso, puede promover ante las instancias correspondientes sanciones administrativas o denuncias de hechos. Lo anterior debido a que, de acuerdo a los especialistas y a la práctica internacional, un organismo fiscalizador no debe ser juez y parte.

En un ambiente democrático la información sobre la operación del gobierno es una condición necesaria para producir contrapesos al poder y al abuso. Un ejemplo de ello, es el valioso trabajo de los medios de comunicación al difundir los procesos, efectos y errores de la acción pública.

Pues bien, la labor de la ASF proporciona un beneficio similar al de la prensa libre. Con la connotación de que la Auditoría es un organismo que emite información especializada, basada en evidencia, a través de la revisión del ejercicio del gasto y el cumplimiento de la norma existente. No obstante lo anterior, el elemento clave que garantiza el valor de su labor, lo constituye el ejercicio de su autonomía técnica y de gestión. Sin ello, la ASF no tendría razón de ser.

A los ojos de quienes buscan impactos mediáticos de corto plazo, quizá la imagen del doctor no sea tan atractiva como la de un juez o policía, pero la salud del aparato gubernamental, que utiliza recursos públicos federales, es un asunto serio de largo plazo.


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El “Día de la Auditoría”

26 / Feb / 2014

 

 

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) es una institución que empezó a ejercer sus facultades legales a partir de la revisió

 

n de la Cuenta Pública 2001. Sucedió a la Contaduría Mayor de Hacienda, entidad que formó parte de una realidad muy distinta a la que existe actualmente en el país, en materia de transparencia, participación ciudadana e institucionalización de los procesos de rendición de cuentas.

De acuerdo a lo establecido en la Constitución, el día de hoy, 20 de febrero, la ASF hará entrega del Informe del Resultado de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2012.

A este día, en que se realiza la entrega del Informe, se le ha venido denominando el “Día de la ASF”.A primera vista, podría sonar halagadora la posibilidad de acaparar la atención de la opinión pública nacional. Sin embargo, este concepto hace referencia implícitamente a un momento efímero.

Yo creo que el valor de este día radica en que la ASF cumple ante los diputados y la sociedad, en tiempo y forma, con su mandato constitucional. No se menosprecian los espacios que se abren para que nuestro trabajo institucional pueda ser conocido por la sociedad, pero en realidad los efectos del informe trascienden a lo que pueda suceder en este día. Esta entrega es parte de un proceso; después de ella inicia una etapa de seguimiento a las observaciones y acciones determinadas por la institución.

Es frecuente toparse con la percepción, por parte de los entes auditados, de que el “Día de la ASF” es a costa de ellos. Es importante subrayar que la fiscalización superior a nivel federal es una realidad inevitable en la vida democrática del país. Los resultados de las revisiones no pretenden señalar a alguien en específico y están sustentados en un trabajo técnico, que no tiene sesgos y que se aleja de la consigna. Esta es la mejor garantía de que los resultados plasmados en el informe constituyen un diagnóstico imparcial que puede ser utilizado para la mejora en la operación.

Por su parte, para los medios de comunicación, el “Día de la ASF” conlleva una fuente prácticamente inagotable para generar notas por varias semanas, o hasta meses. Es natural que esta sobreoferta de información, en un periodo relativamente corto, ocasione que se privilegie la información de impacto de corto plazo, tal vez en detrimento de un análisis más contextualizado.

Finalmente, a los ojos del ciudadano, el “Día de la ASF” puede percibirse como un ejercicio desfasado en que los resultados se presentan con mucho retraso. Esto es una consecuencia de los plazos contemplados en el modelo de fiscalización superior actual y que nuestra institución ha propuesto modificar.

En este sentido, han sido aprobadas por el pleno de la Cámara de Diputados diversas modificaciones constitucionales —actualmente en trámite ante la Cámara de Senadores— para que la presentación de los resultados del trabajo de la ASF sea más oportuna.

Comparto el concepto del “Día de la ASF”, pero quisiera que esta denominación se identificara, más bien, con el hecho de que la nación cuenta con la Auditoría Superior de la Federación como una institución valiosa, honesta y objetiva, que a través de su informe le ofrece a los diputados y a la ciudadanía un panorama confiable de la situación que guarda el uso de los recursos públicos federales.

 

Juan Manuel Portal Martínez